La edad de los hombres termina. El tiempo del agente ha llegado.

Hay una señal que no falla cuándo los tiempos van a cambiar de verdad.

¿Recuerdas cuando instalabas Mortal Kombat en un 386 con dos megas de RAM? ¿Cuando descargabas un juego de mus de 250 KB con tu primer módem, cruzando los dedos durante minutos? Quizá cuando abrías fotos en sitios como elrellano, esperando a que la imagen llegara hasta abajo. ¿Vídeo? Nah, imposible en tiempo real y menos con la máxima calidad que permiten nuestros ojos :).

Todo esto generaba un apetito insaciable de recursos que justificaba las fantasías más locas. También reacciones que ahora parecen ridículas. “640 KB deberían ser suficientes para cualquiera” —Bill Gates. Hoy existe hardware que llega a 1,5 TB de memoria por socket.

Bien. Pues sin darnos cuenta acabamos de cruzar esa línea de nuevo.

Mientras discutíamos si la IA estaba en una burbuja, si estábamos acelerando, o si los casos de uso no eran más que humo… aparece algo distinto.

Un Agente. Pongamos Openclaw, aunque vamos a ver a todas las grandes andando el mismo camino.

Sin límites en el consumo de recursos, sin límites en su capacidad de operar, y que explota la ventana de contexto más ambiciosa que pueda proponer cualquier LLM.

Y aquí es donde se desmadra la cosa, la ventana de contexto del humano es toda su vida. Y sí, vamos a por eso.

No os enganéis. Ejecutamos modelos en la nube simplemente porque no nos llegan los recursos, pero la ejecución e incluso entrenamiento/aprendizaje/mejora querremos que sea local (lo que sigue ampliando el horizonte de la la demanda). 

Todo esto implica que la demanda de computación y memoria pasa a ser, en la práctica, infinita (y con ello todos los recursos asociados, como la energía). Así aparece el incentivo que siempre ha movido los grandes saltos tecnológicos: una demanda desmedida a cambio de resultados extraordinarios.

Ninguna de estas dos cosas plantean ya dudas a quien está metido en el ajo. Quien ha trabajado con agentes lo sabe. Quien programa, escribe o diseña lo sabe. Y es que, que podamos hablar con las máquinas ha hecho saltar todo por los aires. A mi mismo me cuesta creerlo, el sueño se ha hecho realidad.  

No seremos nosotros quienes naveguemos por internet, quien creemos o siquiera utilicemos el software. Quien lo iba a decir, la edad de los hombres no termina con una rebelión de las máquinas, solo somos nosotros dejando el testigo.

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